martes, 17 de julio de 2007

IV

De fingimientos y demás el mundo está repleto,
el problema está en que hay veces que crees tenerlos delante de las narices,
tu boca suelta más de lo que debiera
y metes la pata hasta más allá de la cadera.
No debía, eso es cierto,
y no sé porqué lo hice,
abusé de ti de mala manera,
y en determinados momentos tu también abusaste de mi.
Jugamos a creer que nada habíamos perdido
cuando ese sentimiento nos reconfortaba,
pero nada era lo que nos quedaba entre las manos,
y al menos yo,
que no lo niego,
intenté estirar en el tiempo lo que se había fragmentado hacía demasiado.
Hubo intentos de remendarlo,
y no lo niego,
y no me avergüenzo,
tenía el cuerpo totalmente lleno de fango por arrastrarme y ya me daba exactamente igual,
pero esta vez equivocaste mis palabras y las tuyas han sido demasiado jocosas y,
créeme cuando te digo que están de más.
Ya no más, ya no más,
esta vez salen de mi boca,
y no van hacia ti sino hacia a mi.
Queda algún que otro recuerdo entrañable,
y marcas que no tengo el más mínimo interés en borrar,
y menos aún en alimentarlas,
otros cuantos desagradables que me tragaré a sorbos con aguardiente
a ver si de una buena vez arden y se convierten en cenizas.
Ya no quiero más linces,
ni palizas en discotecas locales,
ni cualquier otra noticia que entre líneas hable de mi,
porque ya no soy más yo,
ya no existo.
Hemos navegado lo suficiente en el interior de la vida de la otra
y ya no queda nada por descubrir
o al menos nada que merezca la pena el esfuerzo.
Gracias por todo y por nada.
Por lo que aprendí contigo y por lo que ha golpe de canto de regla olvidé.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Espero que si algun día me dejas sea en persona...

Al menos si veo tus ojos de verdad sabre si lo sientes de verdad...

No sé por qué pero sé que nuestros ojos hablaran solos...

Un bisin y portate bien sacacorchos jajajaja