Tan echas a lo imposible
y a los golpes duros
que aprendieron a disfrazarlos con sonrisas húmedas
inventadas de la nada,
quebrándose por dentro e irradiando luz por fuera.
Portando en el corazón mil amantes,
corazón que a ninguna de ellas pertenecía.
Demasiado alcohol y veneno habían recorrido ya estas venas,
y suficientes castigos se había infrigido por herir
a quien no lo merecía.
Le pidió una última noche,
una última canción...
Corazas fuertes creadas con fundiciones
de débiles sentimientos.
Palabras que no dicen nada
y silencios que narran demasiado.
Manos rotas que no sostienen más sueños ni anhelos
que los inmediatos,
y unos pulmones demasiado cansados
de respirar este aire tan cargado.
Puñados de caídas en sueños,
de las que vacían de aire el cuerpo
y hacen que se estremezca hasta el último rincón de tu cuerpo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario