
Era lunes y como todos los lunes el alma
me pesaba ahí mismo, abajo del saquito de
los cojones. Una tarde pensé que el alma era
una tercera bola que llevaba ahí colgando y
que me servía tan poco como me servían las
otras dos. Desde entonces, cuando es lunes y
el alma me pesa, cuando es otro día y el alma
me pesa, hasta cuando no sé qué día es y el
alma me pesa, siento ese bulto y esa carga
abajo del todo, peleando con la tela elástica
del slip.
Yo no fui siempre un tipo con el alma
entre los cojones [...]
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